Anexo nº 2: Autogestión

“La autogestión es la forma económica revolucionaria específica del anarquismo que nace desde la igualdad y para la libertad y no desde las jerarquías y la domi­nación. La autogestión anarquista además de económica, al involucrar el ámbito de las decisiones y la organización, también es política y por tanto, social.”

¿Por qué practicamos la autogestión?

Porque queremos aprender a vivir más libres, y usamos la autogestión como un concepto/teó­rico y herramienta/práctica a la vez, verdadera­mente útil para este fin.

Entendemos que la autogestión, por sí sola, no garan­tiza la libertad. Ejemplo es, que haya empresas y coopera­tivas “auto-gestionadas” con jefes y asalariadas o volun­tarios, financiadas con subvenciones, o que sólo trabajan para instituciones públicas.

Somos conscientes de que la autogestión como idea ais­lada es fácilmente manipulable, siendo actualmente una de las novedosas y variadas caretas progresistas que utili­zan de reclamo los nuevos partidos políticos de izquierdas.

Facilitando así, por un lado, la imposición de un nue­vo sistema de gestión social “más participativo”; es decir, con los impuestos pagamos a lxs políticos para que ges­tionen nuestras necesidades, y si lo hacen mal podemos pedirles responsabilidades. Pero ahora, quieren que les sigamos pagando el sueldo, llevarse el mérito (poniendo el logo o marca comercial del ayuntamiento) y darnos unas migajas de nuestros propios impuestos (así les que­da más a ellos), pero que nos gestionemos nosotros las necesidades, y encima, ¡si algo sale mal la responsabili­dad será nuestra!

Y por otro lado, allanando el terreno para la implan­tación del nuevo formato laboral del Capitalismo, en el que el trabajador asume todos los costes y riesgos que implica la producción: seguros, instalaciones, maquina­ria, bajas, cotizaciones, posibles pérdidas… mientras las empresas, por hacer de intermediarias, ponen su marca y se llevan prácticamente todo el beneficio. Algo así como si todos trabajásemos de autónomos, lo que supondría una competencia atroz, más aislamiento, pérdida total de derechos y fuerzas a la hora de cualquier protesta.

Por eso, defendemos que la autogestión real es una parte de un todo, y, por tanto, ha de acompañarse de otros conceptos/herramientas con la misma finalidad. Como son: la acción directa, la horizontalidad, la hones­tidad, la solidaridad, el apoyo mutuo, el respeto, la libre asociación… consiguiendo de esta forma, que la autoges­tión no se vea reducida a un mero concepto económico, sino que se transforme en un concepto moral tendente a la libertad, al bienestar e interés individual y colectivo de las personas, y no al beneficio.

Practicamos la autogestión porque nos permite encar­garnos de nuestros propios asuntos, es decir, madurar y hacernos responsables; ya sean estos de índole política (cómo organizarnos), económica (obtención de recursos y medios de producción), social (cultura, salud, aprendi­zaje…) y/o humana (relaciones…). Permitiéndonos tener una visión más global, comprensible y completa de nues­tras vidas, recuperando así el control sobre las mismas.

Como seres vivos tenemos unas necesidades básicas, que, o las cubrimos nosotros o quien se encargue de gestionarlas tendrá la capacidad de someternos a sus in­tereses, tendrá la fuerza para imponer sus reglas (el pa­triarcado, el trabajo asalariado, la propiedad privada, el dinero, etc.). Mientras que la autogestión nos ofrece la posibilidad de romper esa dependencia/obediencia que sufrimos del estado y del capitalismo. Porque al afrontar, decidir y responsabilizarnos directamente de nuestros problemas y necesidades de forma colectiva, nos demos­tramos que somos capaces y que no nos hacen falta para vivir, ni su intermediación (gestión), ni su permiso (le­yes), ni sus sobornos en forma de subvenciones.

Porque al practicar la autogestión estamos aprendien­do y experimentando lo que significa la autonomía, ser in­dependientes, disfrutar de nuestro esfuerzo, no necesitar a nadie que nos dirija ni a nadie que nos obedezca. Creando, de esta forma, unas relaciones más libres, diferentes a las que nos inculca el sistema democrático, basadas sólo en el aislamiento e interés individual y el beneficio a toda costa. Creando unas relaciones tanto sociales como personales donde cambiemos las dependencias, inseguridades y pro­piedades por apoyo mutuo, confianza y solidaridad.

Porque se puede auto-gestionar lo que queramos, y, de hecho, ya se lleva tiempo practicando; desde ligas de ba­loncesto y fútbol, a bibliotecas, gimnasios… pasando por cooperativas laborales, ateneos y centros sociales alqui­lados y okupados, parques, plazas y huertos… hogares, comunidades, pueblos… hasta llegar a auto-gestionar nuestras vidas enteras.

¡La autogestión es una solución!

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