(Nº1) La problemática social de las casas de apuestas

Cómo si de otra droga más se tratara, han venido con la intención de quedarse para amasar grandes fortunas de la mano del Estado. Esto crea grandes rupturas en nuestros barrios ya sea con la intención de prevenir o de reprimir cualquier atisbo de auto-organización y rebeldía.

En forma de cifras

En la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, la promotora de Eurovegas, promulgó un decreto en 2006 que abría la veda para la apertura de este tipo de establecimientos. El sector del juego es a día de hoy el único o casi el único negocio que prospera en este país desde el año 2012, momento en el que comienza a ser legis­lado en el Estado español y deja de estar liberalizado como anteriormente.

En el estado, actualmente, existen 52 empresas dedi­cadas a este sector, de las cuales 16 tienen sus domicilios fiscales en otros países por lo que no tributan impuestos aquí. Un clásico de la especulación y del blanqueo de ca­pitales en un sector con altos beneficios anuales.

La modalidad presencial es la que está inundando más nuestros barrios. No hay más que ver cómo se han multi­plicado los locales en Madrid desde hace 5 años para acá y con miras a seguir aumentando. A día de hoy podemos hablar de más de 300 locales en esta ciudad, de los cuales sólo 40 se han abierto en los barrios de Aluche, Puente de Vallecas y Usera. En los 3 años anteriores hablábamos de 185 locales, por lo que el aumento ha sido considerable. Sólo en la calle General Ricardos de Carabanchel hay 8 locales, por poner un ejemplo.

“Sportium”, una de las empresas más conocidas, está creciendo muchísimo en Madrid y cuenta con 207 loca­les, la mayoría en la capital junto con “Luckia” y “Code­re”. Para que nos hagamos una idea, en el radio de 1km de la plaza de Lavapies podemos encontrar un total de 7 establecimientos “Sportium”, los mismos que en la calle Marcelo Usera.

Para que entendamos la lógica de este negocio, el apostante medio habitual suele ser una persona de entre los 16 y los 43 años, trabajador o muy posiblemente en paro, afectado por la “crisis” y los distintos problemas so­ciales provenientes de ésta y de otros muchos factores de la sociedad y el sistema imperante (marginación social, drogas, problemas emocionales y familiares, precariedad laboral, paro, etc.) y sobretodo, residentes en barrios hu­mildes. La media de dinero apostado al año por un sólo jugador habitual es de algo más de 1.700 euros y el nú­mero total de jugadores durante el año 2015 fue de unos 380.000 en todo el estado. Las apuestas se pueden hacer en la mayoría de estos sitios desde 1 sólo euro, algo que lo convierte en una actividad muy accesible de prime­ras aunque a posteriori, ese mismo apostante, realizará apuestas de cantidades mucho mayores.

¿Cuál es la realidad de estos lugares?

– Se centralizan en los barrios más pobres

Esto no resulta ser algo casual dado que en esas zonas se encuentra el mayor número de potenciales apostantes y posibles ludópatas.

En los barrios como Carabanchel, Aluche, Usera, Va­llecas, etc. existe un perfil social distinto al que existe en la calle Serrano o Goya. La mayoría de las personas son trabajadoras, en paro, “buscavidas” o autónomos con in­gresos medios, bajos, muy bajos o sin ningún tipo de in­greso. Familias que no superan los 25.000 euros de renta anual para tres o más miembros o mileuristas en el caso de no tener familia, con dificultades económicas, altas hipotecas, préstamos y deudas, con mayor potencial de tener enfermedades derivadas del trabajo o de la preca­riedad en otros ámbitos de sus vidas. Personas con cargas familiares, ahogos económicos, con pocas posibilidades de prosperar en la “escala social”.

Superar todas estas trabas y salir de ciertos agujeros personales muchas veces es tarea difícil y no es raro en­contrarse familias enteras destrozadas por la ludopatía, el alcoholismo, marginación social, sufrimiento psíqui­co, barrios desorganizados y destruidos donde reina la desidia, la competitividad, el individualismo, etc.

– Se aprovechan de la “crisis” y crecen como la espuma

Este auge se ha hecho más que notable a partir de la mal llamada “crisis económica”.

Conviene aclarar que la “crisis” no existe como tal, sino que es un síntoma de la acumulación que ha ido produ­ciendo el capitalismo durante toda su existencia forman­do centralizaciones de dinero y por ende, de poder. Esta acumulación ha necesitado explotar en un momento de­terminado (como ha ocurrido en más ocasiones) y tras el reventón se pone como excusa la “crisis” a algo que es una consecuencia cíclica e inseparable de la gestión del Estado y del capitalismo sobre nuestras vidas. Con esta manera organizativa “Estado-Capital”, se pone de mani­fiesto la mala gestión que se efectúa desde las esferas de poder con el afán de acumular y acumular sin medida, dejando sin sustento a la población y conviertiendola en responsable y afectada de sus decisiones. Al final, las con­secuencias las pagamos nosotros y no ellos, que en todo caso lo que les ha pasado es que han dejado de ganar pero nunca de perder.

– Establecen una nueva forma nociva de relacionarse

Estos espacios se han convertido en los nuevos lugares de ocio de jóvenes, incluso menores de edad y de gente no tan joven. Entre cerveza y cerveza (a las que muchas invita la casa), se apuestan “unas carreritas” y mientras el evento se desarrolla, el establecimiento se asegura unas cuantas horas de clientela que de paso, incitan a realizar nuevas apuestas. Todo esto se está convirtiendo en algo tan cotidiano que a día de hoy prácticamente a cualquier hora del día, se puede ver gente en estos lugares como si de una cafetería al uso se tratara.

Con este nuevo ocio envenenado e impuesto aumenta el individualismo y se deja de lado otras formas de relacio­narse entre vecinos e incluso amigos y familiares. Se gene­ra un aislamiento y se olvida lo colectivo, los debates, las charlas, el conocimiento de otras personas y las relaciones humanas. Se dispersan a las personas y con ellas, las posi­bilidades de tejer relaciones y redes se atomizan cada vez más debido a la ceguera y la adicción que producen.

– A este juego es imposible ganar

“La banca nunca pierde” y en este caso, la casa de apues­tas, tampoco. Las casas de apuestas están hechas para ge­nerar y acumular dinero y siempre van a ganar. La infalible ley del juego certifica que de cada una de las comisiones que se obtiene por cada apuesta (por pequeña que sea) se sacará suficiente beneficio aún teniendo que pagar al ganador su premio. Teniendo en cuenta que se producen miles de apuestas simultaneas (presenciales y online), es fácil comprender que nunca van a tener pérdidas y que el secreto está en la acumulación de apuestas no ganadas de cada uno de los jugadores. Aunque un jugador gane 250 euros en un premio (por ejemplo), habrá invertido mucho más a lo largo de su vida por lo tanto la sensación de haber ganado es ficticia y se traduce en pérdidas.

– Aquí “todos pillan” a costa de las miserias ajenas

Como hemos dicho anteriormente, estas empresas multinacionales amasan grandes fortunas sin ningún tipo de escrúpulo mientras se arruinan cada día las vi­das de muchas personas, incluso gente con grandes pro­blemas de ludopatía que llevan a robar a su familia para conseguir dinero para hacer más apuestas. Mientras esto ocurre, estos empresarios no paran de abrir nuevos esta­blecimientos, cada vez más cerca unos de otros, en puertas de colegios, con suculentas ofertas y grandes estrategias de marketing de la mano de los grandes clubes de fútbol que reciben miles de euros por sus patrocinios (como es el caso del Real Madrid que ha recibido 6.000.000 de euros por lucir el logo de “bwin” en sus camisetas durante 5 años).

Aunque el Estado participe en absurdas campañas de sensibilización contra el juego, ponga el logotipo de “jue­go seguro” en su web (por cierto, colocado por Codere) y hable del “juego moderado”, introduce dentro de su liberalismo esta actividad económica a sabiendas de los serios perjuicios que tiene para las personas y supone un lavado de cara más porque el gobierno recibe altos ingre­sos de dinero con estos establecimientos que tienen que tributar y pagar licencias. Esto les convierte en responsa­bles directos de las consecuencias que todo esto está ge­nerando en los barrios. Lo cierto es que aquí todos pillan cacho y bajo la legalidad y el lema del “juego moderado” se introducie esta adicción de la mano del Estado y del capitalismo más liberal y salvaje. Primero crean el pro­blema y después te ofrecen la solución.

– La estrategia de la seducción y el lavado de cerebro: otra droga más

Todo está tan socialmente normalizado que se puede encontrar publicidad sobre casas de apuestas y apuestas online en anuncios de televisión, paneles publicitarios, patrocinios de equipos de futbol, cuñas de radio, etc. a cualquier hora del día en cualquier rincón de la ciudad. Muchas de ellas anunciadas por los personajes famosos del momento presentándolo como algo exitoso y popu­lar. Algo que sin duda complementa el enganche a esta insana costumbre de las apuestas por un amplio sector, especialmente juvenil, que aspira a ser como su perso­naje famoso favorito que anuncia estas prácticas desde el pódium del éxito.

A parte, estas empresas se asocian con Universidades y asociaciones como la Universidad Carlos III (asociada con Codere) o la Asociación Centro Catalán de Adic­ciones Sociales (asociada con Sportium) para conocer el perfil del adicto al juego y elaborar estrategias de marke­ting más punteras y eficaces.

Que no te engañen

La ludopatía es un viejo problema que afecta, especial­mente, a los barrios pobres y sobretodo aumenta en tiem­pos de “crisis”. Dado que nadie nace siendo adicto al juego de la misma forma que siendo adicto a droga alguna, todo esto resulta ser una estrategia del Estado y del capitalismo para adormecer las conciencias y aborregar a las personas.

Con la información suficiente e interesándonos en sa­ber cómo funcionan éste y todos los tejemanejes que el Estado y el Capitalismo nos brinda, podemos ser capaces de tomar un papel activo en nuestras decisiones más bá­sicas, tratando de no caer en estos sucios métodos que sólo nos vuelven zombies consumidores, aislados, indi­vidualistas y sin conciencia propia.

Sabiendo sobrepasar estas barreras, podremos orga­nizarnos y solidarizarnos para generar redes de apoyo mutuo fuera de las instituciones que tanto alimentan, permiten y fomentan éste y todos los problemas socia­les que nos rodean. Si conseguimos tener claro quiénes son los responsables y somos capaces de señalar y tomar posición ante las injusticias, podemos auto-organizarnos en nuestros barrios para acabar con estos locales, para que dejemos de ver cómo la gente ciega de deudas sigue apostando sin sentido, para dejar de presenciar cómo se arruinan las vidas de nuestros vecinos y como el barrio se sigue llenando de estos locales.

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